“Treinta radios convergen en el buje de una rueda,

pero es su vacío lo que hace útil al carro.

Se moldea la arcilla para hacer la vasija,

pero de su vacío depende el uso del recipiente.

Se abren puertas y ventanas en los muros de una casa,

y es el vacío lo que permite habitarla.

En el ser centramos nuestro interés,

pero del no-ser depende la utilidad. ”

Tao Te Ching

Verso 11

 

 

PRACTICA EL NO HACER

El vacío.

Las reflexiones recogidas en el Camino del Tao hacen continua referencia al equilibrio. Defienden el hacer mediante el no hacer. La arquitectura es, como ya escribimos en otro lugar, un juego de ausencias. Dicen que no es más grande el que más sombra proyecta sino el que más vacío deja cuando se va. La parte hueca de la arquitectura, la parte despejada y libre es la que el ser humano ocupa. El arquitecto se mueve en un ámbito delimitado por libertades, voluntades, necesidades y recursos y, a la vez, entre dos escalas masivas al margen de las mencionadas en el volumen previo: la ingeniería y la artesanía. Recurriendo a la Teoría de las Cinco Pieles de Hundertwasser (1-epidermis; 2-ropa; 3-casa; 4-identidad; 5-Tierra) observamos que la arquitectura tiene una presencia importante en la clasificación. Sin embargo podemos estar tentados de absorber a las categorías colindantes en un gesto de magnánima prepotencia. “Yo puedo” en lugar del “yo podría” y en sustitución del discurso que preconiza el “yo debo”. La arquitectura es vínculo entre el ser humano y el universo, pero no es el único eslabón de la cadena. Esta apreciación nos insta a ser concisos, a intervenir en el punto que nos corresponde y a retirarnos cuando es otra la especialidad que ha de intervenir. La ausencia como elemento sistémico es indispensable para depurar tanto procesos mentales como de ejecución. Cuando la mano del hombre ha de asirse a un picaporte o cuando ha de embarcarse hacia otro planeta hemos de ser conscientes de que entramos en otra disciplina, en otra ciencia y ser humildes como para asumir que lo que se precisa del arquitecto, llegados a ese punto, es su ausencia.

El “no edificio” y el proceso.

Ábalos y otros académicos discutían hace un año acerca de los contenidos del Proyecto de Fin de Grado en Arquitectura. Si bien la elección de la ausencia pura de edificio no se planteaba como opción directa, sí se incidía en la necesidad de hacer prioritario el proceso frente al resultado. Procedural, como se dice actualmente. La realidad física surgida de condicionantes del proceso inherentes al mismo. Pablo Picasso decía que la miga de pan bajo el lienzo que desvía la trayectoria del trazo también es parte de la obra de arte. La manida frase de “el viaje es el camino” cobra nueva relevancia a la hora de hacer arquitectura y la comunidad académica así lo admite.

Las últimas décadas han mostrado que la arquitectura puede cristalizar en innumerables combinaciones y que, al igual que sucede con los átomos de Carbono, algunas de ellas darán como resultado combustible para hogueras y otras verdaderas piedras preciosas. No solo se trata de conceptualizar y definir un edificio sino de los estratos de información que subyacen a la aparición de esa última y singular realidad física. Son esos estratos los que, al final del proceso, cualifican al artífice para que responda sea cual sea la pregunta. No hay nada gratuito, nada accesorio, pero hemos de tener en cuenta que la pregunta en el desarrollo nunca ha sido ¿por qué?, sino ¿por qué no?.