“Cincuenta años después , la valla todavía rodea el patio lateral y trasero de esa casa de Mountain View. Mientras Jobs me la enseñaba, orgulloso, acariciaba las tablas de la cerca y recordaba una lección que su padre le dejó profundamente grabada. Según su padre, era importante darles un buen acabado a las partes traseras de los armarios y las vallas aunque fueran a quedar ocultas. <<Le encantaba hacer bien las cosas. Se preocupaba incluso por las partes que no se podían ver>>.”

Steve Jobs

Walter Isaacson

 

C4

EL DIABLO HABITA EN LOS DETALLES

Recuerdos.

La ciudad evocada es una de las experiencias testimoniales más poderosas que existen. Tener acceso a conversaciones o escritos en los que gente de edad es capaz de transmitirte la forma en que la ciudad funcionaba tiempo atrás. El transcurso del tiempo ha cambiado la morfología de la ciudad y ha ido alterando las dinámicas de comportamiento.

Las descripciones de la ciudad de principios del siglo XX ofrecen vistas de una ciudad escasa, de calles nobles por quienes las poblaban, orgullosa de un ruskiniano casco antiguo y de un pulmón verde por el que era hermoso pasear. La Corredera, la Calle Cava, Las alamedas… Una secuencia de guía turístico improvisado para que el visitante tuviese una panorámica global del contenido de la ciudad. Se incluyen, en estos escritos, algunas imágenes de esa ciudad y de cómo el lugar en que se ubica nuestra propuesta se encuentra en un sitio clave dentro de la misma: La Zona.

Partes ocultas.

Jobs evocaba el recuerdo de su padre y destacaba la importancia del detalle tanto si quedaba expuesto en el resultado final como si no. Hay una parte de la ciudad que no se ve. Y no se ve porque determinadas maniobras lo impiden. Si se cortan accesos y se cierran calles, las manzanas de un cierto tamaño se vuelven ciegas y se llenan de espaldas que, en último término, nadie decide dignificar pues no todo el mundo comparte la honestidad visual de Jobs. La Zona es un lugar privilegiado de la ciudad, un punto crítico que, con el tiempo, ha sido absorbido por la población urbanita a pesar de haberse encontrado otrora en un ensanche de la ciudad. La Alameda de Espartero se convierte en Avenida de Los Mártires y tras ello en la Avenida Juan Carlos I y, merced a una maniobra logística, se consolida como vía principal de la ciudad como parte de la Nacional 340 que conecta, a través de Lorca, el Levante y el Sur peninsular.

Un 27% de la población de la ciudad llega a hospedarse en torno a una calle que, aunque de proporciones generosas en origen, mide menos de un kilómetro de largo. Esta densidad implica altura. Una cantidad de plantas sobre rasante como no se habían visto antes en la ciudad…y como tardaríamos años en ver de nuevo, dado que, tras el auge especulativo altamente localizado en un área tan concreta, el plan de ordenación es rectificado y, tal y como se observa en la sección abstracta de la ciudad se recupera una pauta de crecimiento comedida, con la vía férrea como frontera y las Alamedas como patrimonio a conservar.

El resultado, sin embargo, queda. Y cualifica la ciudad en tanto que fenómeno testimonial de un crecimiento desmedido. Es una experiencia de la que aprender – de iure – y un condicionante con el que jugar las siguientes partidas. Decenas de miles de personas en poco más de 800 metros de longitud y ni una sola interrupción. Solo fachadas altas y macizas, rasgadas de balcones para ver los desfiles, con la única excepción del Huerto Ruano, una villa ecléctica decimonónica cuya parcela y jardín se conservan eso sí, cerrado al público la mayoría del tiempo a pesar de que la intención era la de hacerlo servir, según proyecto, como bypass

urbano.

Un cromatóforo. Una célula que cambia y se adapta para beneficiar a su anfitrión gracias a intersticios y holguras, pero sobre todo gracias a su capacidad de cambio. La Zona fue jardín, sede militar (de ahí su nombre), parque de ocio y conciertos y, en última instancia, colmena. Un bloque en “U” con escasa luz y sucintas fachadas a la calle principal pero con una muy alta capacidad de ocupación. La propuesta que presentamos no se basa en las últimas tres décadas sino en los anteriores dos siglos. La zona es de la ciudad. De toda ella.