“Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana de su inquieto sueño, se encontró en la cama, convertido en un insecto gigante. Estaba acostado sobre una espalda dura como una coraza y, si levantaba un poco la cabeza, veía su vientre abombado, de color marrón y surcado por unas estrías duras. El cobertor apenas se podía mantener sobre tan abultado vientre y estaba en trance de deslizarse al suelo. Sus muchas patas, que comparadas con la totalidad de su volumen eran lastimosamente delgadas, revoloteaban sin ton ni son ante sus ojos.”

La Metamorfósis

Franz Kafka

 

C6

EQUILIBRIO INESTABLE

Público | Hito | Vacío

Despertar convertido en un insecto es algo similar a lo que les sucede a algunas ciudades de tamaño medio. Una época de esplendor económico y supuesta evolución y crecimiento da como resultado un despertar de resaca en el que se descubren piezas e iniciativas urbanas con escaso sentido y de dudosa procedencia. El destino de la ciudad puede ser el mismo que el del protagonista de Kafka: un óbito penoso y lento. El riesgo de la ciudad de talla media reside en que se encuentra un perpetuo estado de potencial evolución. A la gran ciudad le es inherente la aparición de grupúsculos vitales al margen de su núcleo original dada su capacidad estratégica de absorción de habitantes, a las aldeas y pueblos no se les supone necesaria una previsión de crecimiento si ya se han consolidado en una escala definida por sus limitaciones tácticas, orográficas o demográficas. En el caso de las ciudades de tamaño medio que proceden de este último modelo de pueblo y que han evolucionado hacia una escala superior es distinto. El estado es de equilibrio inestable. Toda acción puede desembocar en una panoplia de opciones, no todas de ellas correctas.

En el caso que nos ocupa tenemos una población de menos de cien mil habitantes y una superficie ocupada bajo dos esquemas: muy denso (ya hablábamos de casi un tercio sólo en la Avenida Juan Carlos I) y disperso. La ciudad crece siguiendo un patrón cuasi-concéntrico respecto de la cima del castillo y el incremento de población propiciado por la actividad económica y se expande ladera abajo fijando una serie de vías principales destinada a usos culturales y de paso y de actividad comercial. Estas arterias principales van cambiando a lo largo del tiempo conforme la ciudad crece. Crecimiento, isócrona, cota, vial. Es una secuencia que aun se lee en la planta de la ciudad como variaciones de trama que pasan de la densidad de la trama árabe que busca el cobijo y la sombra hasta la dispersión de las casitas de huerta, pasando por la trama más ordenada orlada de casonas solariegas y palacetes. Este patrón se perpetúa durante décadas dando lugar a la ciudad que hoy conocemos: una Lorca compleja extensa y lineal por imposición topográfica y logística (al Noroeste la cordillera y al Sureste la vía férrea el cauce del Guadalentín y la Rambla de Tiata). La ciudad cambia con cada salto. Consecuencias cualitativas de causas cuantitativas. La ciudad crece y se expande. Aparecen más alturas, ensanches, rondas porque la ciudad lo necesita. Hasta ahora. Los registros demográficos de los últimos años muestran un estancamiento en la población, fenómeno que no se había registrado ni siquiera en los éxodos causados por plagas o sequías en siglos anteriores.

El dato es lógico. Cerca de 2008, los acontecimientos económicos globales que, en tiempo, llevaron a parte de la elevada fracción de población inmigrante a permanecer en la ciudad atraídos por la elevada actividad, se invierten y gran parte de esos habitantes se marcha de la ciudad. Esta consecuencia de los hechos macroeconómicos se agrava tras el terremoto de 2011 y las inundaciones de 2012, con la partida de familias que disponían de segundas residencias en puntos cercanos a la ciudad pero sin vínculos rígidos que los obliguen a permanecer en ella. En suma lo que sucede es que la ciudad, en cuanto a crecimiento demográfico, se detiene. Esto implica varias cosas en lo tocante a la arquitectura. La Primera de ellas es que las necesidades han cambiado, no sólo en lo técnico sino también en lo táctico. En segundo lugar se constata que el factor humano es el que es (somos los que estamos y estamos los que somos, que suele decirse) y si se opta por expandir la ciudad más aun tendremos que preconizar el abandono de algunas zonas para que otras se habiten. Esto ya sucedió antes en esta misma ciudad y las consecuencias, aun hoy, son consideradas irresolubles.