“Segunda iteración

Con los dibujos subsiguientes de la curva fractal, pueden aparecer cambios súbitos”

Ian Malcolm

C7

CAOS

No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita. Si la ciudad se embarca en sufragar piezas accesorias conseguirá generar deuda con un retorno dudoso por la excesiva especificidad. Crear espacios útiles para fines diversos y bien localizados parece una opción más sensata que la de construir espacios específicos alejados del centro.

Que la ciudad sea coherente con su número de habitantes es equiparable a que un cuerpo lo sea con el volumen de sangre que precisa para su funcionamiento. Si aumentamos el tamaño y mantenemos el volumen habrá partes distales que no tardarán en necrosarse y morir. Y si en algún caso es necesario habilitar el vacío, tenemos lecciones de arquitectura a las que recurrir para hacer de la necesidad virtud sin vernos obligados a crear panales huecos que nunca se habitarán porque la ilusión que alimenta esa promoción es la misma que mantiene imperturbables los precios. Una ficción que ha llevado a cifras en Lorca similares a las que se pueden encontrar por un apartamento en Brooklyn. De nuevo, no vivimos en América. Hay un afán ficticio por resistir a la espera del inversor ingenuo y predispuesto, pero a ese inversor no lo atrae un solo inmueble, lo atrae la ciudad. Es ahí donde hay que fijar la mira. Hacer que la ciudad sonría en lugar de girarse hacia lo propio dando la espalda al resto.

Coherencia.

La dignidad no reside en el qué sino en el cómo. La canas con carácter y las arrugas con historia. Contamos con piezas valiosas en la ciudad: mostrémoslas. La manzana de “La Zona” está repleta de hitos. Una iglesia (San Mateo y sus salas capitulares, parroquia por demarcación de toda la zona centro), un museo (El Centro de Artesanía del arquitecto Juan Antonio Molina), un palacio (El Palacio de Guevara y su jardín posterior), un centro cultural (primera biblioteca pública de la ciudad), un hotel (El Hotel Alameda), un centro comercial (Galerías Enrique Miñarro) y un bloque de viviendas. Antes de haber alojado un bloque de viviendas, el área de intervención propuesta fue el emplazamiento de la sede militar de la zona, quedando este apelativo asentado entre los lorquinos en adelante. Cuando la función militar se disipó alojo instalaciones docentes y posteriormente albergó eventos de ocio como conciertos al aire libre.

Históricamente la manzana siempre ha tenido una vocación pública. Como si se entendiese que, a esa altura de la Avenida, hacía falta un núcleo equipado para todos los habitantes cercanos. Veremos además, como dos generaciones de arquitectos separadas por más de medio siglo corroboraron esta tendencia. Dos es coincidencia. Tres es un patrón.

¿Casualidad?

En 1952 el estudio de arquitectos Blein y Carbonell desarrolla una propuesta de Plan General en la que se tiene en cuenta el grado de evolución de la ciudad hasta la fecha. La propuesta recoge desde bloques de instalaciones industriales hasta bloques de vivienda pasando por zonas verdes, de huerta y forestales. Curiosamente se puede observar en el centro del plano una marca rectangular negra que abarca precisamente el área propuesta para la intervención.

Blein y Carbonell explican en sus escritos que esta es la ubicación adecuada para una zona dedicada al servicio público. En origen como ampliación de la Casa consistorial y más adelante como sede de otros estamentos públicos merced a la escasez de espacio para albergarlos en la sede entonces habilitada. Tal y como se presenta la opción reubicaba el corazón de la ciudad, el lugar al que han de acudir los ciudadanos ineludiblemente y que, por ende, estará vivo, en el núcleo de la misma y sin saltar la barrera tipológica que constituiría la vía férrea.

Los detalles de esta casualidad quedan en los escritos que otros autores han desarrollado al efecto y que se citan en la bibliografía de este proyecto. Tras presentar la propuesta de este pfg en base a consideraciones menos profundas y habiendo tenido acceso a posteriori a esa información, detectamos que “la zona” ha sido objeto de estudio en una dirección análoga a la que planteamos aunque con los matices propios de las necesidades inminentes en el momento.

La tercera incisión sobre la misma localización, tras la de Blein y Carbonell y la del autor que escribe estas líneas, se da durante el proceso de investigación asociado a este proyecto. A fin de efectuar un diagnóstico del programa de necesidades y del esquema global de funcionamiento de la ciudad en el momento de la propuesta, asisto a unas jornadas sobre el paisaje de Lorca convocadas por Moho arquitectos y Pablo Carbonell. Las sesiones tienen como función fomentar la participación ciudadana en los procesos concernientes al paisaje de la ciudad de Lorca. La metodología es la de separación en grupos, aportación de opiniones, análisis DAFO y debate participativo.

Las conclusiones son claras: La población detecta falta de actividad lúdica, de conexión entre puntos de la ciudad, de atención a la red de transportes y de manutención de los espacios comunes de la ciudad. Uno de los corolarios más graves emitidos procede en su momento de un grupo de jóvenes no mayores de 12 años de entre los cuales ninguno se ve viviendo en Lorca el día de mañana. Al expresarse recuerdan a la forma en que nos referimos a pueblos y aldeas sin más futuro que la cosecha. Sirvan estos datos como refuerzo a la tesis que aquí se defiende en relación con la creación y gestión del espacio público y, como apunte anecdótico, el fotomontaje que difundieron como test entre los ciudadanos para saber qué ciudad preferirían en el futuro, cuya imagen muestra, a vista de pájaro, la ciudad con varios núcleos de denso bosque donde hoy hay bloques de edificios. Entre ellos, por supuesto, “La Zona”, que aparece convertida en un pulmón en el centro de la ciudad.

Puede tratarse de casualidad, de composición gráfica, de coherencia urbana o de instinto. No obstante queda claro que este lugar parece atestiguar, cada vez que se hace una aproximación en este sentido, una necesidad de apertura latente y un potencial aun inexplorado. La naturaleza se abre camino…o lo intenta.

La arquitectura enzimática que se propone recoge todas las premisas planteadas en estos escritos y adopta un modelo tomado de la biología como estrategia de implantación: El modelo de encaje inducido (Daniel Koshland – 1958). Este modelo, que sustituyó al modelo rígido de llave-cerradura planteado por Emil Fisher en 1894, establece que el sitio activo que interactúa con la enzima es capaz de adaptarse a la misma para propiciar la catálisis. Por extraña que sea la geometría del catalizador la ciudad se adapta, reacciona y evoluciona. La repetición de modelos anteriores llevará a los errores ya cometidos.

 

Lorca_Propuesta de Plan General de Blein y Carbonell_1952