Arquitectura efímera.


Seguimos siendo nómadas.

Las yurtas mongolas no son más que un ejemplo de cómo somos capaces de hacer habitable una porción de un lugar inhóspito.

Las ferias que se celebran en grandes pabellones hacen de lo efímero espectáculo y de lo inhabitable un punto de encuentro.

La arquitectura pensada para evocar de forma instantánea, para quedar grabada en la mente, es un ejercicio efectista fantástico al que algunos arquitectos tenemos la suerte de enfrentarnos en ocasiones.

Cuando una gran empresa confía en tí para ese cometido es todo un privilegio: una bala en la recámara y un puñado de horas para ejecutar una pieza que ha de ocupar las retinas con un despliegue visual potente durante los días que dura el evento.

En esta ocasión, además, no se trata sólo de brillar: hay un argumento detrás, un proceso, una geometría y un futuro insinuado e incipiente que promete…

En cuanto al feedback de estos proyectos, una sonrisa cómplice, una mirada de orgullo o algún fotógrafo furtivo son más que suficiente.

Gracias a La Comarca por la oportunidad y enhorabuena por el equipo…y por el futuro. 😉