Si vis pacem…
Escribo estas palabras mientras escucho a todo volumen a Lady Gaga a capella al piano interpretar “The Edge of Glory” en su video “A very Gaga Thanksgiving” y en lugar de transcribir el orden de las siguientes partidas de una de las obras que dirijo actualmente.
Era lo que iba a hacer.
Pero no…
Comienza dedicando la canción a su abuela y, a mitad de la pieza, se interrumpe y narra parte de un recuerdo evocado, directo, íntimo…como si allí no hubiese nadie.
Quienes se hallan a la mesa alrededor escuchan extasiados el espectáculo que ofrece una sola persona con más talento del que parece justo acaparar como individuo.
Una sola voz, una orquesta, un millón de notas…y el silencio perfecto en el lugar adecuado.
Qué envidia.
El talento arrollador e innegable.
La potencia absoluta del personaje creado hasta hacerse leyenda.
Y parece estar sola. No le importa que la rodeen diez personas o un millón. Está en su elemento. En una esfera impenetrable de amor hacia lo que hace que parece proyectar una energía ante la que sólo puede uno agacharse e intentar agarrarse a lo que tenga más cerca para no salir volando.

 

Ojalá algún día la Arquitectura encuentre a alguien así. Que grite que la era del Jaguar ha comenzado, que no hay noche ni día, blancos ni negros y que toda la parafernalia hipócrita disfrazada de arquitectura con minúscula ha llegado a su fin.
No podemos seguir así. No tiene sentido.
Llegará un día en el que el miedo no será más que la opción cobarde y sin sentido.
Un día en que el juego político vuelva a ser de la polis, de la ciudad, y deje de ser un juego.
Un día en que la economía se entienda como parte de la vida y no como una disciplina distante y extraña tras un cristal que alguien parece empeñado en ensuciar constantemente.
Un día en el que la Arquitectura entre en las ciudades con un tañido de campana y una oleada de luz que barra las sombras de la codicia del corazón de las personas.
Y no habrá más opción que dejarse arrollar por ella. Y oler la primavera y sentir el Sol en la piel y las lágrimas en las mejillas. Y notar como la cólera de años se desvanece y da paso a la claridad de un mundo sencillo.
Y la Arquitectura brillará como brillan los silencios ausentes.
Y dedicaremos cada esquina a quien la cuidó y cada plaza a quien la amó y cada lugar significará y no será sólo escena, sino personaje.
Puede que sólo se trate de una canción.
Puede que no llegue nunca ese momento.
Aunque también puede suceder… que me canse de esperar a que lo haga otro.
No lo sé.
Ya hablaremos en casa.